lunes, 13 de febrero de 2017

El signo y la cosa

Hemos vuelto aunque nadie nos llamó, porque la reflexión es así, viene sin que la llamen, como los problemas. Hemos vuelto, y seremos millones, como prometió Evita, y Tupac Katari, y Espartaco, y el potro Rodrigo, todos ellos símbolos de la resistencia. Aunque ninguno ha cumplido hasta ahora su promesa. Pero nosotros sí! Y esta es la reflexión: El signo no es la cosa, no lo es.



El lenguaje muchas veces nos engaña, y las más veces usamos el lenguaje para engañar. Podríamos enredarnos en la discusiones de Wittgenstein, Frege u otros aburridos de la historia, pero vamos a resumirlo (sin hacer honor a los susodichos): El lenguaje tiene tal capacidad de crear el mundo, delimitarlo y conformarlo, que al final podemos confundir el signo con la cosa; creer que el lenguaje acerca del mundo, es el mundo en sí. Es un error mas que común en la vida cotideana, y tal vez los medios de comunicación sea el ejemplo por excelencia. El título del diario, la foto, el encuadre de la cámara, los testimonios, los audios, pueden parecerse mucho, muchísimo, a la realidad. Pueden referirse directamente a los hechos, pero no son los hechos, con todo lo que eso significa.
Y si Clarín no habla de la enorme cantidad de manifestaciones, corte de calle y protesta por despidos, parecieran no existir. Con Clarín me refiero a todo ese conglomerado de massmedia que, a propósito ó sin, crean realidad. Por poner solo un ejemplo clarísimo de un grupo económico que, muchas veces, es demasiado grotesco para operar. Pero todos los medios tienen esa capacidad, con el lenguaje y la comunicación pueden recortar, modificar, comprimir el tiempo y el espacio, la realidad. 

Clarín y Yo
¿Y a mí qué? Te estarás preguntando, pues vos también. Igual que Clarín y todos sus magios, vos también podes engañar, o engañarte, al confundir el signo con la cosa. La palabra "CRISIS" a lo largo y lo ancho del papel, con colores y música melodramática en la pantalla, en boca de "expertos politólogos", puede crear la crisis, sin que necesariamente esten todos los ingredientes que conforman una crisis. Así también vos... y paso a explicarme en el modo sencillo de la vida que sucede.
Pedir /perdón/, no es pedir perdón. Decir /te amo/ no es amar, prometer no es la promesa, o sea, no es el compromiso. El opresor le dice a su víctima que la ama, el enfermizo le dice a su pareja /perdón/; y de repente el signo substituye a la cosa.. la palabra suspendida en el aire es solo palabra en el aire, y la cosa pareciera estár, pero no lo está.
Después de dañar, de insultar o lastimar, y al ver el dolor dibujado en el rostro de su amante, le pide perdón, le dice que se arrepiente.. y voilá, tan simple como repetirlo en un círculo vicioso, se arrepiente y pide perdón. Pero nadie se ha dado cuenta que el signo no es la cosa, pronunciar fonemas del signo no es el acto mismo de estar arrepentido. La oración no es la salvación, el llanto no es la humildad de corazón. El signo no es la cosa.
El niño le rompió un hermoso jarro a su mamá, y aunque intentó pegarla con plasticola, no es la misma, y ni siquiera funciona. Y solo faltan 20 minutos para que la madre regrese a casa. Cuando ella llega, ve la situación, el jarro torpemente disimulado, el niño cabizbajo junto a la escena, con todos sus ahorros en la mano. Después de explicarle todo, le pide perdón y le entrega su dinero para restituir el daño. Pedir perdón solo de palabra es la mentira que todos los que aman se comén con papas fritas, porque confunden el signo con la cosa. Pero el perdón, como el amor, es actuante, restitutivo, proactivo. Hay gente que pide perdón para cumplir... y hay gente que no confunde el signo con la cosa.

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